| VALENCIA DE
ALCANTARA.-
Situada en el noreste de la provincia de Cáceres, limitando con Portugal, se encuentra la Muy Noble, Muy Leal y Antigua Villa de Valencia de Alcántara. Poblada desde tiempos remotos como lo atestigua la importante dispersión dolménica de la zona, en el término municipal de la Villa se pueden observar restos romanos, árabes y judíos. Cuenta Valencia de Alcántara con un bien conservado barrio gótico-judío que incluye una recién restaurada sinagoga. La distancia que la separa de la capital de la provincia ha hecho necesario dotarla de la infraestructura necesaria para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, cuenta así con Centro de Salud, Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, Cuartel de la Guardia Civil, Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, dos colegios de Educación Infantil y Primaria, Instituto de Enseñanza Secundaria, Oficina de Recaudación, Oficina del Servicio Extremeño Público de Empleo, Oficina Comarcal de la Seguridad Social, Oficina de Información Turística (desde donde Montse y Mayte le informarán de la oferta turística y hotelera de la localidad), etc. La pujanza económica de la población queda atestiguada por la existencia en la misma de siete entidades bancarias diferentes para una población que ronda apenas los 6.500 habitantes. Probablemente sea el sector terciario el motor de la economía local, sin olvidar la importancia de la aportación de la agricultura y ganadería a la renta per capita del valenciano. El clima atlántico de la zona se ve dulcificado por la influencia de la cercana sierra portuguesa de San Mamede, lo que se traduce en la existencia de inviernos no excesivamente crudos y veranos relativamente templados, especialmente en la zona de la Campiña más cercana a la sierra portuguesa y a Sierra Fría en el lado español de la frontera (Caseríos de Las Casiñas, Las Huertas y El Pino). El carácter de sus gentes, moldeado por su condición fronteriza, es abierto y afable. Vinculados en muchos casos por lazos de parentesco con nuestros vecinos portugueses, las tradiciones comunes y el comercio a ambos lados de la frontera ha hecho derivar el idioma castellano en una especie de dialecto hispano portugués hablado sobre todo en los caseríos de La Campiña. Aunque las fiestas patronales de la localidad se celebran durante los días 23 a 28 de agosto en honor de San Bartolomé (24 de agosto), la festividad más arraigada entre la población es la de San Isidro Labrador (15 de mayo) declarada de Interés Turístico Regional y en la que, acompañando al santo en procesión, desfilan gran cantidad de jinetes y carrozas engalanadas y representando escenas típicas de las labores del campo. También durante el mes de mayo se festeja el día de los mayos (día 1) en los que, mediante grupos de muñecos de trapo, se satirizan escenas, actuaciones, comportamientos y temas de actualidad mundial y local. Otra festividad muy arraigada en este mes es la de la Cruz de mayo. Durante el día 3, pequeños y mayores elaboran con flores auténticas obras de arte como exaltación de la cruz y durante todo el día se abren al público en la Plaza del Ayuntamiento gran número de casetas donde se puede comer a base de tapas variadas. En el apartado gastronómico cabe señalar como productos típicos de la zona los elaborados a base de carne de cerdo (patateras, comineras, fariñeras, buches, lomos, chorizos, jamones) y cabrito (chanfaina y frite).
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